
Hay locuras que pueden llevar al desastre. Lo malo es que, cuando ocurre algo imprevisible, nadie se hace responsable del suceso ni dimite por incompetente. Ello viene a cuento con una noticia que acabo de leer en la prensa por la que la Confederación Hidrográfica del Duero ha autorizado al Ayuntamiento de Castrogonzalo la instalación de una plaza portátil de toros en esa aldea, la antigua “Castrum Gundisalvo ben Muza”, con carácter permanente junto al río Esla (tras recibir las aguas del río Cea), a unos 25 metros del cauce principal y en la margen derecha. Las desgracias nunca suceden hasta que llegan sin avisar. La descerebrada petición municipal fue registrada el 16 de enero pasado junto al proyecto de legalización de la plaza de toros redactado en abril de 2025 por un arquitecto técnico cuyo nombre desconozco. El documento define la implantación de la infraestructura taurina en una zona sometida a regulación específica por su proximidad al cauce. Para más inri, La Comisaría de Aguas no ha realizado visita técnica al emplazamiento, al considerar de “escasa entidad” las obras a ejecutar. Por lo que se desprende, hace falta tener poca memoria para no acordarse de de la rotura del embalse de Vega de Tera tres años más tarde de haberse construido, la liberación de 8 millones de metros cúbicos de agua y la correspondiente catástrofe en la madrugada del 9 de enero de 1959, donde 144 de los 532 habitantes de Ribadelago fallecieron y donde todavía quedan muchos vecinos desaparecidos en el fondo del lago de Sanabria. Sin ir más lejos, en los primeros días del pasado mes de febrero hubo una preocupante crecida del río Esla a su paso por el puente Mayor de Castrogonzalo y el viaducto de la A-6, en Benavente. Terminado de construir en el siglo XVII, durante mucho tiempo aquel fue el único puente de piedra existente entre Mansilla de las Mulas y la desembocadura del Esla. Ya en 2020 la Policía Local de Benavente descubrió la situación de una de las pilastras. Pronto se comprobó que al menos otras tres también presentan daños. Las crecidas de diciembre anterior y el cambio del curso del río, que en este punto encara el puente con un ángulo de casi 45 grados, depositó troncos y ramas de árboles entre los ojos del puente. En una de las pilastras era visible un boquete. Por la parte posterior, los refuerzos de hormigón de la reparación de tres años antes quedaron en el aire y agrietados en cuatro apoyos. Por tos es sabida la afición taurina en Castrogonzalo como se demuestra durante las fiestas de san Roque, sus encierros multitudinarios y la degustación de madrugada de sopas de ajo al estilo castreño. En fin, que les vaya bonito a los torerillos que pretendan lucirse en plaza portátil sin enfermería, que esa es otra. Es jodido manejar a un morlaco corniveleto y sin trapío a la vista del respetable, con traje de luces alquilado y sin poner cara de susto.
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