Ya puestos, si la palabra ‘pifostio’, tomada de la jerga callejera, quedó incorporada en el Diccionario de la RAE en diciembre de 2021 en referencia a una situación de confusión, revuelo o desorden, casi siempre por una disputa o un reclamo, también me gustaría que se incluyese en el mismo Diccionario la palabra‘biciclostia’, referida a un hostión tremendo por caída de bicicleta por patinazo con la pintura de un paso de cebra en día de lluvia. Ser inventor de palabras es algo que no está suficientemente valorado por los académicos de la Española. Por ejemplo: ‘culibrí’, referido al cubalibre y siempre que sea cantado por el camarero al compañero de la barra. Si no, no vale. El camarero, con voz clara, y tras haber tomado nota del servicio solicitado a una pareja de novios, deberá volver la mirada hacia la barra y con voz serena gritar: “dos de culibrí”, a lo que el barman deberá contestar de inmediato:“Oído”. Otra palabra que debería incluirse en el Diccionario es la de ‘Santo Bendimiento’, que solo sabe lo que significa la gente de los pueblos. En realidad ni ellos saben lo que significa, pero lo expresan con frecuencia al referirse al Supremo Hacedor, que todo lo ve, todo lo sabe, y que nos juzgará severamente cuando hinquemos el pico. Sera entonces cuando dos vecinos compungidos nos cierren los párpados como quien baja una persiana y nos tomen por los hombros y por los pies para sacarnos de la cama y obligarnos a tomar tierra, o sea, a que dé nuestra espalda con el frío terrazo, se produzca un chispazo seco y pueda salir del cuerpo la electricidad estática, antes de que el cura cante el miserere en una habitación oscura donde revolotean las mosca junto a un ramillete de viejas enlutadas, que suspiran sentadas y alargan la mano a la bandeja de las rosquillas a un mismo tiempo. Ya hay antecedentes. En la novela“La Colmena” aparece un personaje, Matías Martí, interpretado por Cela, y que no aparece en el original de su novela sino que fue rescatado por el guionista de otra obra del mismo autor, “El gallego y su cuadrilla”. Matías Martí fue un contertulio del ‘café La Delicia’ que se definía a sí mismo como “un suministrador de materia prima del lenguaje que enriquece el léxico patrio”. Presumía de haber inventado casi mil vocablos, entre ellos‘bizcotur’, referido como alguien bizco, ruin y muy mal encarado. Pues nada, creo haberlo todo dicho. Decía Eduardo Mendoza que “es importante que un escritor esté vivo y que viva cerca. Coincidir en un bar con un poeta español es más importante que leer la obra de un gran poeta extranjero o muerto. No sé por qué es así, pero es así”. Y si se trata de un riguroso inventor de palabras..., ¡entonces ya ni te cuento!
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