Si les digo la verdad, don Juan
Chicharro me parece un buen hombre. Lo que le sucede, a mi entender, es que se
deja influenciar por las ideas rocambolescas de Pío Moa, que estuvo hace unos
días en la presentación de un libro de Otero Novas, “Recuperar España. Una propuesta desde la Constitución” y le ha
faltado tiempo para escribir en “La
Gaceta” la “grave crisis en la que se debate el país”. Y a Juan Chicharro le ha faltado tiempo, también,
para asegurar en “República.com” que “España se encuentra hoy en una
encrucijada histórica en la que se debate por salir de una crisis económica de
difícil solución y al mismo tiempo tiene que hacer frente a otra de carácter
institucional en la que está en juego su propia esencia como nación como
consecuencia de los intentos secesionistas de alguna parte de su población en
el País Vasco y en Cataluña”. Hombre, todos conocemos la trayectoria profesional
de Otero Novas, que es brillante. También su trayectoria política, desde que
fuera miembro del “Grupo Tácito” y más tarde director general de Política
Interior con Manuel Fraga. Algunos, con memoria bastante, todavía nos acordamos
de los sucesos de Vitoria. Más tarde sería ministro de la Presidencia con Adolfo
Suárez. Todos los decretos de las preautonomías llevaban su firma en el BOE.
Después, ministro de Educación y autor de la LOECE, para ser más tarde miembro del Comité
Ejecutivo Nacional y diputado al Congreso por UCD; y posteriormente ocuparía
esos mismos cargos en el PP. Finalmente fue portavoz del PP en la Comisión de Presupuestos.
Por todos es sabido que, en 1978, siendo ministro de la Presidencia con Adolfo
Suárez, Otero recibió un mensaje desde Washington
destinado al presidente del Gobierno que era un claro chantaje hacia España.
Los Estados Unidos amenazaban a nuestro país con apoyar a Antonio Cubillo en el
caso de que nuestro país decidiera no entrar en la
OTAN. A nadie se le escapa que un apoyo
americano a ese terrorista hubiera supuesto un grave problema español con respecto al futuro de las Islas
Canarias. O dicho de otra manera, -y así lo contaba Otero en una entrevista-
que Canarias hubiera sido para la España de finales del siglo
XX lo que Cuba y Filipinas lo fue a finales del XIX. Otero Novas revelaba en esa misma edición dominical de “Las
Provincias” lo siguiente: “Matías Vega
Guerra, ex hombre fuerte del franquismo en Gran Canaria, estaba sentado a
finales de 1975 en el despacho de Manuel Fraga en Madrid, que acababa de ser
nombrado ministro de la
Gobernación en el Gabinete que el Rey encargó a Arias Navarro
tras la muerte de Franco. Había ido a verlo. Y Fraga lo tomó en serio y ordenó
a Otero, entonces director general de Política Interior: ‘Vete a Canarias,
habla con todo el mundo y trae un informe y un plan para que eso no pueda
ocurrir’. Otero se marchó a Canarias en enero de 1976. Y lo que vio, en
síntesis, fue a unas Islas en una situación de vulnerabilidad extrema. Mucho
miedo al vacío. De un lado, una crisis económica de caballo, derivación obvia
de la del petróleo de 1973. De otro lado, la incertidumbre sobre el futuro
político general de España, aún abierto de par en par, visto además desde una
lejanía no siempre tranquilizadora. Y, por último, un hecho de gran impacto en
las Islas: el abandono de (la entonces colonia española del) Sahara Occidental
y su polémica entrega de facto a Marruecos. El Sahara era muchas cosas para las
Islas.(…) Washington jugaba fuerte a favor de un gran Marruecos al objeto de
taponar la influencia africana creciente de una Argelia prosoviética. Y España
firmó los acuerdos tripartitos de descolonización del Sahara. Sin el apoyo de
EEUU Marruecos no se habría atrevido a la Marcha Verde”. Pues
bien, Pío Moa aclara: “Coincido con Otero Novas en que estamos al final del
ciclo político abierto por la
Transición, final caracterizado por una triple crisis:
nacional, democrática y económica”. Y Chicharro afirma: “La realidad es que
grupos, claramente minoritarios apenas hace unos lustros, se encuentran hoy en
posiciones inimaginables de poder que si no son contrarrestadas a tiempo – no
sé si ya es tarde – conseguirán alcanzar su objetivo irrenunciable de romper la
unidad territorial e institucional de España”.Y un poco más abajo cuenta: “Por
mor de mis circunstancias viví in situ el conflicto yugoslavo y ya saben Vds.
como acabó aquello”. En fín, tratar de comparar a los Balcanes, antes y después
de Tito, con la España
actual me parece irracional y a todas luces fuera de contexto, y que el general
Chicharro me perdone.
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