miércoles, 27 de mayo de 2026

EL califato de Feijóo

 

Todavía resuena en mis oídos aquella letanía lauretana de Aznar pidiendo de forma monocorde aquello de “váyase, señor González” mientras la derechona dormía con un rosario bajo la almohada y la Bolsa, a la expectativa, contenía la respiración. El Partido Popular e Izquierda Unida le hicieron la pinza a González en la prensa y hasta Marcelino Camacho tenía hueco en ABC cuando Anson acababa de sacar a ese diario de los Luca de Tena de la muerte anunciada de ese rotativo de tendencia conservadora y monárquica fundado en 1905 (más tarde dirían que en 1903, aunque como semanario) por don Torcuato, con presencia en Madrid y Sevilla y que solo  interrumpió su tirada, aunque temporalmente, durante el fallido golpe de Estado de Sanjurjo en 1932. Pero a lo que iba. A la caída de Casado, el PP nombró un nuevo adalid, al gallego Núñez Feijóo, que llegó a la Villa y Corte dispuesto matar varios pájaros de un tiro: tomar la dirección del PP, librar a Isabel Díaz Ayuso de un  berenjenal espinoso y sacar a  Sánchez de la Moncloa por el procedimiento de apremio. Y para conseguir los propósitos de  alzarse con el santo y con la peana, Feijóo trató de imitar, en modo opereta bufa, lo acontecido en la batalla de Guadalete, cuando las tropas del Califato Omeya comandadas por el bereber Táriq ibn Ziyad derrotaron al ejército del rey visigodo don Rodrigo. Feijóo lleva tiempo clamando a la rosa de los vientos que Sánchez debe convocar elecciones ya. Pero ese clamor choca contra una pared y su eco le rebota y le desespera. Le queda una solución: la moción de censura, pero no le salen las cuentas. Los intentos de camelar a Junts y al PNV para conseguir sus apoyos tampoco le han funcionado, y los lazos de fidelidad con Abascal (en el papel de Witiza) son circunstanciales, casi inexistentes. De momento el PP lleva ganadas las batallas en Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía, pero la batalla decisiva donde la campa se llenará de cadáveres y de herrumbrosas lanzas ya es harina de otro costal; vendrá, si es que viene, al término de la legislatura y suenen los clarines, o en el supuesto de que Sánchez decida convocar elecciones generales anticipadas. De momento se afilan las navajas cabriteras, se prueban petos y espaldares y se engrasan la alabardas. Conque paciencia y a barajar.

 

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