David Arranz, portavoz de Vox en la comisión de Educación de las Cortes de Aragón, este lunes, durante su intervención ha dicho que “le gustaría ver mucho cerdo en los comedores escolares”. A mí, como ciudadano, me gustaría que hubiese menos repugnantes tipos representando a los aragoneses en el palacio de La Aljafería. Es evidente que el odio de Vox a los marroquíes que viven en España demuestra que los socios del PP, tanto en el Gobierno como en el Ayuntamiento, son unos xenófobos redomados que producen vergüenza ajena, si bien es cierto que la culpa de que la ultraderecha diga cosas de ese tenor es de aquellos que les votaron, por pensar como ellos. Jorge Azcón, que tendrá que bailar con los adefesios fascistas la pieza más larga de su legislatura, es el responsable de que se esté arruinando en Aragón la Educación Pública en beneficio de la Concertada, mayormente manejada por clérigos; algo parecido a lo que está sucediendo con la Sanidad Pública, donde la derecha lleva años intentando “cargársela” de raíz en beneficio de la Privada, entre los que se encuentra la empresa "Quirón", el as de oros de la baraja madrileña en el castizo juego del cané entre tahúres con chalecos de flores y barateros de navaja trapera. También sorprende que el Gobierno de Aragón haya renunciado a los contratos por los que se entregaba fruta en las comidas de los colegios de la Comunidad, según ha declarado Aránzazu Simón, de Vox, consejera de Agricultura, Ganadería y Alimentación “que no ha descartado recuperar este plan en un futuro con productos de calidad y proximidad”. ¿En un futuro, dice? ¿Cuándo? Simón entiende que el Gobierno de Aragón “no puede entregar a los niños peras de Sudáfrica o naranjas de Egipto”. ¡Pues que compren la fruta a los agricultores de aquí y se dejen de decir chorradas! ¿Dónde está el problema? Entiendo que las peras sudafricanas, las naranjas de Egipto y los melones de Villaconejos, que se encuentra en la provincia de Madrid, pueden contener las mismas propiedades dietéticas y de riqueza melamínica que las aragonesas. A mi entender, la fruta, venga de donde venga, es fundamental en una dieta equilibrada gracias a su alto aporte de agua, fibra, vitaminas y minerales esenciales. No se les puede negar la fruta a niños que, en muchas ocasiones, solo hacen una comida de fuste al día, la del colegio en días lectivos. Argumenta Simón que “no es aceptable que un programa público que se presenta como apoyo al sector agrario termine beneficiando a productores de terceros países”. Lo que no parece admisible es que los niños no puedan comer fruta por la "cerrazón baturra del chufla, chufla", de una advenediza consejera que no sabe por dónde le sopla el aire. Como dice en el “Cantar de Mío Cid” Álvaz Fáñez, llamado Minaya, en alusión a Alfonso VI de León: “¡Dios, que buen vassallo si oviesse buen señor!”.
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