jueves, 22 de febrero de 2018

El reino de la posverdad




 
El editorial de El País es demoledor para un Estado democrático. La retirada de un  friso de Santiago Sierra en Arco donde se retrata a 25 presos políticos españoles por orden de Ifema; la ratificación por el Tribunal Supremo de la condena de tres años y medio de cárcel al rapero Valtonyc por injurias a la Corona, enaltecimiento del terrorismo, calumnias y amenazas en la letras de sus canciones; el secuestro por orden de una juez de Collado Villalba del libro “Fariña”, de Ignacio Carretero, por la denuncia de un exalcalde de dudosa reputación, cuando ya va en su séptima edición, dan idea de cómo anda el aceite de nuestro candil. Se empieza por prohibir la libertad de expresión y no se sabe por dónde seguirán los derroteros de uno de los Tres Poderes, presuntamente muy “selectivo” a la hora de medir a todos los ciudadanos con el mismo rasero. Los corruptos políticos citados en los juzgados para declarar como testigos han perdido la memoria. La infanta, declarada libre de culpa en el caso Nóos, también tuvo amnesia en sus declaraciones. Lo único que recordaba era que “esas eran cosas las llevaba su marido”, Rajoy (“mi idea es seguir como candidato”) no sabe nada de Gürtel, ni Camps, ni Ricardo Costa, ni los nueve empresarios que financiaron presuntamente al PP valenciano… La metástasis de esa neoplasia política asoma por todas las costuras de un partido político al que sólo le preocupa, según parece, el posible sorpasso de Ciudadanos, su marca blanca. Pero creen haber dado con la fórmula magistral a todas sus desdichas: matar al mensajero. Se prohíbe la libertad de expresión, como de hecho ya se aplica en la televisión estatal, se divide a España entre conversos e inicuos, y listo. En ese sentido, señala El País que “de esa libertad depende la salud de unas instituciones que definen la manera específica de ser de las sociedades abiertas en un mundo cada vez más seducido por la deriva autoritaria de países de la envergadura de China, Rusia o Turquía. El hecho toca de lleno el corazón de una sociedad que se quiere plural. Los tiempos que corren no son buenos ni para la tolerancia, ni para la crítica, ni para el debate público. La polarización y el sectarismo son las marcas que definen ese nuevo escenario dominado por las redes sociales y las nuevas tecnologías. El ruido, la descalificación y el insulto son, además, características esenciales que rodean a los mensajes que circulan por Internet y que, lamentablemente, crean auténticos climas de opinión y condicionan decisiones relevantes, como el sentido del voto en una cita electoral. Es el reino de la posverdad y de las noticias falsas. Ante un desafío de estas características, la peor noticia es enterarse de que la respuesta pasa por debilitar uno de los pilares de la democracia”. Por otro lado, Gustavo Alcalde, delegado del Gobierno en Aragón, acaba de declarar que los chalecos de los agentes asesinados en Andorra (Teruel) a manos de Igor el Ruso no fallaron. Pero que los agentes llevaban unos faldones en zonas de los chalecos que no son de protección, que eran de tela. ¡Cógeme esa mosca por el rabo! Vamos, como en la canción mexicana de Rosita Alvirez: “El día que la mataron/ Rosita estaba de suerte. /De tres tiros que le dieron/ nomás uno era de muerte”. No sé adónde vamos a llegar en este Estado pueblerino del chufla, chufla...


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