sábado, 24 de febrero de 2018

Los inventos de Gregorio Serrano




Yo no sé todavía si los nuevos dispositivos disuasorios que se van a instalar en los “quitamiedos” de las carreteras tiene afán recaudatorio o se colocarán para que los conductores se apeen de los coches y se hagan un selfie. ¿Ustedes los han visto en las fotos de prensa? Son como aquellos sacapuntas de manivela que estaban en una esquina de las mesas de los despachos. Metías el lapicero por una abertura (con perdón), le dabas vueltas al manubrio y listo. Lo cierto es que, por desgracia, han aumentado considerablemente los accidentes de carretera en los últimos años. Los datos oficiales señalan que durante 2017 perdieron la vida en vías interurbanas 1.200 ciudadanos, lo que equivale a 39 más que en el año anterior. La información fue facilitada por el director general de Tráfico, Gregorio Serrano, que aclara que en ese cómputo global se incluye a los fallecidos en las primeras 24 horas tras el accidente. ¿Y qué pasa con los que mueren una semana más tarde, o un mes? ¿Esos de qué mueren, de sarampión? ¿Y los que quedan en una silla de ruedas para siempre?  Buena parte de la culpa de esos accidentes, no lo niego, se deben a imprudencias en la conducción, al consumo de drogas y alcohol. Pero también es cierto que las carreteras españolas no han mejorado como sería deseable sus firmes ni los puntos negros existentes en muchos tramos. Y esa labor, que yo sepa, le corresponde al Estado. Colocar radares diminutos y ocultos para disuadir los excesos de velocidad, o quitar puntos en el permiso de conducción son medidas complementarias, aunque no suficientes. Otro factor importante, sin duda, es la antigüedad del parque móvil consecuente de la crisis económica. Como bien decía Silvia Montaño en un comentario de prensa  (El País (03/01/18) “las cosas empezarán a cambiar cuando empecemos a entender lo peligroso que es poner a 150 km/h tonelada y media de chatarra, con nuestro cuerpo dentro”.  Ha quedado demostrado que encomendarse a san Cristóbal, o escuchar a Perlita de Huelva cantando  aquello de “Acuérdate de los niños/ que te dicen con cariño: / ¡No corras mucho papá!” no ayuda mucho. Es como aplicar el remedio de una lavativa para corregir el extrabismo.

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