miércoles, 20 de febrero de 2019

Berenjenal lleno de pinchos



La extraña expresión “meterse en un jardín” procede de la jerga teatral. Se aplica al actor al que se le olvida lo que tiene que decir y se pone a improvisar, lo que provoca un gran lío entre los compañeros de reparto. Me produce abatimiento que los jardineros de FCC,  que  trabajan por contrata para el Ayuntamiento de Zaragoza,  avisen de que irán a la huelga si no se atienden sus demandas; es decir, el cumplimiento íntegro de su convenio laboral. Todo ciudadano tiene derecho a que se cumplan íntegramente los acuerdos pactados en convenio colectivo, ¡faltaría más! Lo que sucede es que en Zaragoza la palabra jardín no está en el diccionario. Esta es una ciudad dura, de cemento y asfalto, mayormente desde que el Ayuntamiento estuvo presidido por Antonio González Triviño, que se metió en un berenjenal lleno de pinchos y sembró de adefesios urbanos todo el casco histórico: plaza de Ariño, trasera de la Lonja, plaza de las Catedrales, plaza de Aragón, plaza de  Basilio Paraiso… La lista de adefesios urbanos  fue patética. Lo peor del caso es que los alcaldes se marchan cuando lo deciden las urnas, pero los adefesios permanecen durante demasiado tiempo.  A González Triviño, alcalde en funciones desde el agravamiento de la enfermedad de Ramón Sainz de Varanda, lo acabaron “imponiendo” desde la madrileña calle de Ferraz (a la muerte del primer alcalde democrático desde la II República,  acaecida el 10 de enero de 1986) en contra de los deseos de otra parte importante del PSOE aragonés que apostaba por el entonces concejal de Medio Ambiente, Mariano Bergés. Al término de su mandato, consiguió acta de eurodiputado y se empadronó en Canarias para cobrar jugosas dietas.  Menos mal que a González Triviño le sustituyó Luisa Fernanda Rudi, del PP, que pasó por la Alcaldía como una estrella fugaz y una casi nula gestión de la cosa pública.  Los populistas, entonces, justificaron su evidente estatismo e inacción señalando que sus obras no se veían a ojos de los ciudadanos porque  se estaban saneando las tuberías del subsuelo, que hacía mucha falta. Excusatio non petita, accusatio manifesta. Lo cierto es que nunca hubo tantos reventones de conductos de agua en el centro de la ciudad como sucedió durante su mandato. Que se lo pregunten a los trabajadores de la Librería General y a los dueños de los bajos adyacentes. Pues bien, la jardinería en Zaragoza brilla por su ausencia por falta de espacios verdes. Y las podas de árboles se practican de forma penosa. A aquel que lo ponga en duda, que observe. También le invito a  que se dé una vuelta por la Plaza de las Catedrales en los meses de julio y agosto. No hay un solo árbol ni un solo seto. Digo más, se puede hasta freír un huevo con sólo posar una sartén sobre el cemento durante diez minutos.

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