jueves, 7 de febrero de 2019

El "factor caqui", la Bardem y la Virgen de las Mercedes



En la mañana de ayer traté de escribir un trabajo y se me fue al garete por no tener copia de seguridad, o se me fue a eso que ahora llaman cloud computing, o nube, que es como el Seno de Abraham donde marchan los textos que nunca se rescatan. Comentaba ayer algo, como digo, que señalaba Pilar Bardem  en la revista Pronto hace unos días, donde se quejaba, no sé si con razón, de que “cobraba una pensión de mierda”. Vamos, como casi todos los mortales cuando llegan al retiro. Lo que hace falta conocer es cuánto cotizó esa actriz a la Seguridad Social a lo largo de su ya larga trayectoria vital. Pilar Bardem, que a mí me conste, ha actuado en más de ochenta películas y en más de cuarenta obras de teatro a lo largo de su vida artística y todavía sigue conservando su piso madrileño cerca de El Retiro, aunque lo tenga puesto a nombre de una sociedad. Pilar Bardem recibió con alegría que le concediesen el nombre de una calle en 2009, que hasta entonces se llamaba “avenida del general Merry”; y, también, recibió una gran bofetada en 2012, día en el que el Ayuntamiento presidido por Zoido decidió quitársela para dedicársela a Nuestra Señora de las Mercedes. Bardem siempre había dicho a los medios que su nacimiento en Sevilla fue un “accidente”. Lo que no está claro es a qué general Merry se refería la calle, si al general Francisco Merry Ponce de León, conde de Benomar (1872-1971) o a su hijo, el general Pedro Merry Gordon (1917-1993). De cualquier forma, fuese dedicada a uno o a otro,  entiendo que bien estuvo quitarle esa calle. El padre participó como miembro activo en la “sanjurjada” de agosto de 1932 contra la República y al comienzo de la Guerra Civil se puso en Sevilla a las órdenes de Queipo de Llano de forma incondicional. Su hijo, también general, quedó reflejado de cuerpo entero en la obra de Pilar Urbano, “La gran desmemoria”. Ese general era capitán general de la II Región Militar en febrero de 1981. Según esa periodista (vinculada al Opus Dei), en los días previos a la dimisión de  Adolfo Suarez, en La Zarzuela, digo bien cuando digo en La Zarzuela, estando acompañado de otros generales entre los que se encontraba Elícegui Prieto, entonces capitán general de la V Región Militar, Merry Gordon sacó de su guerrera una pistola  Star  de 9mm, se la puso en su mano izquierda y mostrándosela a Suarez le dijo: “¿Le parece bien esta razón?”. “La razón”,  tanto de él como del resto de los generales silentes era que el presidente del Gobierno debía dimitir de inmediato, como así lo hizo la tarde del 29 de enero de aquel año. El rey Juan Carlos no estuvo presente durante la baladronada de aquel sansirolé.  Se había ausentado a otra sala dejando solo a Suárez contra el Factor Caqui, como diría el llorado Pedro Rodríguez, después de haberles aclarado a los presentes que “el rey reina, pero no gobierna”. Y allí se quedó Suárez, manteniendo el tipo y más solo que nunca, frente a aquel ramillete de energúmenos uniformados dispuestos a todo.

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