sábado, 15 de septiembre de 2018

Todo se andará...



Hoy en El País, Teodoro León Gross, con su artículo “Sánchez è mobile qual piuma al vento”, hace referencia a la “jugada” de Rivera en su pretensión de matar dos pájaros de un tiro. Señala: “El crédito de Sánchez está sometido a un pulso estresante desde la moción: su equipo pelea por mantener el subidón en las encuestas; y sus rivales por desgastarlo antes de ir a las urnas. No es una carrera contrarreloj pero sí contra el calendario para exprimir sus fortalezas y debilidades. Por eso le han exhumado la tesis mientras él abanderaba la exhumación de Franco. Y la clave no era la tesis –ya bastante escrutada– sino debilitar su autoridad moral. Rivera, con olfato y sin escrúpulos, se ha cobrado doble pieza: desgaste de Sánchez, al que deja bajo sospecha por su cum laude poco meritorio, y de rebote desgaste de Casado, cuyo curriculum apesta. Aunque el presidente resista al Turnitin, no al ruido de la picadora mediática”. (…) “Sánchez arrastra un viejo sambenito de veleta. Pasó de presumir del pacto con Ciudadanos a confesar que lo suyo era Podemos; de vender las mieles de la socialdemocracia liberal a sacar la bandera roja; de ejercer de Mr. Noesno a ser el Sr. Síessí con el 155… Esa imagen se ha acentuado en el poder, donde se ha mostrado voluble como la donna mobile de Rigoletto, mudable como pluma al viento cambiando de discurso y de pensamiento... Y los rivales naturalmente se aferran a esa debilidad. La consistencia del presidente, más allá de la caricatura irónica del doctor Sánchez, ha sufrido esta semana otro revés en la carrera corta contra el calendario electoral”. Queda claro que la maquinaria de acoso y derribo al PSOE por parte de la derecha y de los diarios conservadores que ejercen de corifeos permanentes es un motor de dos tiempos: primero, que baje la fiebre de las encuestas; segundo, paralizar al líder surgido de una moción de censura mediante el sonsonete de “difama, que algo queda”. Pero una cosa, a juicio de Teodoro León, sí parece cierta: “El presidente escogió un gabinete largo de diecisiete carteras, y eso requiere un liderazgo de coordinación con mano de hierro estilo Richelieu. Poner ahí a Carmen Calvo era una apuesta temeraria”. Bieito Rubido, en ABC, al referirse a que el nuevo Gobierno “lo quiere todo”, dice que “hasta han cambiado los jurados de los premios nacionales del Ministerio de Cultura”. (…) “Ya solo les queda, como en los viejos tiempos, encargarse del Orfeón Donostiarra”. Tal vez, Rubido, tal vez.  Todo se andará si el carromato no se frena en el cenagal, atascado.

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